EL TESTIGO SILENCIOSO
Las luces se retiraban, asombrando al mágico instante. La imagen de los peregrinos y su burro pasaba como una escena viviente, rescatada de un tiempo inventado en el seno de una mente nutrida por un delirio místico imparable.
Mientras la procesión se movía con el sonido del acordeón y los cantos del «Ora Pro Nobis», ese «ruega por nosotros», buscando interceder con lo alto, el desfile atravesaba el atrio de árboles ancianos. Fue entonces cuando una sensación extraña recorrió su cuerpo como una descarga que lo hizo tiritar. No era el frío aunque ahí estaba el invierno que acechaba.
El tiempo se detuvo. El murmullo se alejó mientras él permanecía paralizado, plasmado en ese silencio de súplica que nacía del corazón de los presentes. Las oraciones parecían, por fin, ser escuchadas.
La luna apareció como un pequeño arco apenas nacido; un observador eterno teñido de un naranja vibrante que se asomaba entre las ramas centenarias, aquellas que guardan la sabiduría de los ancestros y las raíces de la tierra. Su luz bendecía el linaje, naturaleza y cosmos unidos validaban el ritual en el que se hallaba imbuido. La chispa divina se hacía cargo del momento.
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Mientras los peregrinos buscaban posada, un espacio físico para guarecerse, él hallaba el refugio espiritual en la contemplación. Ese color naranja que relucía, que se volvía cobrizo y refulgente que hablaba en sí mismo, que a pesar del frío o la penumbra de esa noche que llegaba, mostraba que existe un fuego interno que perdura como guía.
En ese espacio liminal, en el umbral entre lo profano de la calle y lo sagrado del altar, los árboles creaban un templo natural, donde las paredes sobraban; todo se manifestaba en la geometría consagrada de lo vivo.
Surgió entonces la revelación: la espiritualidad no reside en las imágenes de madera, sino en el acto de elevar los ojos al firmamento. Fue una invitación a confiar en la intuición y a no temer la profanación cuando, como un niño, uno se distrae del evento para descubrir la verdadera magia. La fe y la creatividad permanecían encendidas, no por seguir la procesión, sino por la conexión directa entre el cielo y el corazón.
Un gozo extasiado recorrió su cuerpo. Su ser se abría en un estado de gracia, una epifanía que lo alcanzaba para recordarle que el mensaje era directo y personal; un camino señalado que solo él podía escuchar.
La belleza de la luna naranja fue la llave que libró sus canales internos, permitiendo que la energía fluyera sin bloqueos. Fue el recordatorio de estar vivo y acoplado al Todo. En ese rito íntimo, la festividad de los peregrinos lo había conducido a una frecuencia distinta: la del misterio que atraviesa lo material para dar paso al espíritu que todo lo encarna.
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Ese sendero de presencia indicaba que lo sagrado debe encontrarse en lo cotidiano. El camino nuevo nacía de las raíces, pero no estaba atado a ellas; utilizaba la sabiduría de lo viejo para dar paso a una claridad fresca. La luna creciente, en su matiz de fuego, apuntaba a dejar atrás la severidad del sacrificio para abrazar el gozo como la forma más pura de oración, entrando finalmente, en la alegría en libertad.
MÉXICO
DICIEMBRE 2025
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Agradezco fotos tomadas de internet
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EL DESCENSO DEL ANACORETA DEL SILENCIO
EL CIELO SE PIERDE EN EL INFINITO
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Ante nuestros ojos despliegas la maravilla de las maravillas con una piedad infinita. Gracias Themis.
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Fue tan hermoso el momento, absorbia, en esa contemplación, esaluna naranja que te llevaba entre esos árboles centenarios. Gracias Carlos, son los años que te van cambiando los ojos y el corazón y te abren a esas «maravillas». Abrazo infinito
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Y así es o debiera ser, Themis. Es en esas cosas que están a nuestro alrededor donde encontramos las respuestas a tantos misterios que tienen que ver con nuestra existencia. Me ha encantado una vez más leerte. Que pases un tiempo feliz con Los Reyes Magos. Y que tu semana sea agradable y llena de regalos. Mi abrazo fuerte.
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Sí Julie, cada día lo descubro más, cada día frente a mis ojos se van presentando todas esas maravillas, me acercan, se abre el corazón y regocijo se hace eco de ello. Bello, bello, mostrar la belleza es la tarea, abrazo más que grande y gracias por tus palabras son un regalo para mi alma.
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