LA CONSPIRACIÓN DEL JACALITO
Me levanté temprano pues me había propuesto subir el cerro y darme una vuelta por la casa de Maguito, es un buen camino para recibir al día haciendo ejercicio, en la serenidad de esos parajes yermos y un poco alejados del mundanal ruido del pueblo.
Allá arriba es otro el aire que se respira, el correr de la brisa, el baño de los primeros rayos de sol, el andar por caminos de tierra tan unido a ella que por momentos parecería que los pies se quieren pegar y enraizar como cualquiera de esos cactus ancianos y arbustos que por el alrededor habitan.
Subí por las cruces y me di vuelta para observar a una de ellas, ahí me la encontré muy oronda con la luz dorada de la mañana que la acicalaba y un arbusto que muy feliz por las lluvias, en agradecimiento había florecido con sus detalles rosas.
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Trepé la cuesta, llegué a la escalera en la cual estaban trabajando dándole los últimos toques que le faltaban.
Ya arriba, tomé ese camino de tierra y piedra y en eso me encuentro a Maguito que bajaba al pueblo.
-Suba- me dice- espéreme enseguida llego, voy por tortillas para desayunar es que me tengo que ir hasta allá por las salinas a buscar una chiva que se me perdió, es que la velé y me dijo la vela que por allá anda.- y muy rapidito retomó sus pasos. Me dejó con una gran interrogante de que era eso de que veló a la chiva y la vela que le habló, pero bueno a la «cuántica» se la atrae de miles de maneras y ella tiene otras prácticas.
Seguí mi camino, metida en ese baño de sol, en sentirme rodeada por el gran paisaje que se abría aunque cada día tiene más pobladores que construyen por esas alturas, en poco tiempo será una extensión del pueblo y con ello el acabose de la naturaleza.
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El pequeño cachorro negro salió y me hizo frente, el que emula al blanquito que siempre sale a los ladridos con cara de malo y buen cuidador del espacio, salvo que no entiende que tiene que dejar pasar a las personas, y tiene que salir el dueño a detenerlo.
Me sorprendió que el otro no estaba, sin embargo al pasar por la casa ahí lo ví, atado, con cara triste, ni ladraba, me paré un instante y le dije unas palabras, dándole consuelo pero también aconsejándole que no se metiera con los que circulaban ya que eso cada día sería más y muy tímido movió la cola sin levantarse, como reconociéndome y saludándome aunque mostrando en la que se metió por su falta de entendimiento.
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Di la vuelta en la calle de la casa de Maguito, esa que la marca la cantidad de biznagas que crecen, en este lugar nuevo que está viviendo mientras se construye su «jacalito», como ella le llama a su ranchito, un poquito más arriba.
En eso un pájaro rojo de esos que relucen pasó volando tan cerca mío que casi colisionábamos, los dos nos sorprendimos, el lanzó un grito estridente en el aire y yo me hice para atrás de un salto. Se paró en uno de los árboles y desde allí gritaba como si me estuviera diciendo quien sabe qué, me sacó una gran sonrisa y se me hizo la ciudad y las broncas con el tránsito y los conductores que se insultan y se descargan con malos modos el susto que le ocasionó la maniobra.
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Sin lugar a dudas no están acostumbrados a que mucha gente pase pero con eso que se está poblando ya empiezan a sentir los problemas del despliegue urbano que les va quitando su hábitat y su formas cotidianas de manejarse en él y ahora van a tener que poner en práctica una atención más enfocada y de repente cambiar las rutas, ¿saber?.
El pájaro rojo que relucía como si llevara una capa de terciopelo negro, no se callaba, desde la rama de un viejo mezquite, no solo gritaba, ¡estaba chillando con una intensidad que daba escalofríos!. Era un sonido agudo, metálico, que rebotaba en las laderas y no era un simple «estoy asustado, aléjate». ¡Sonaba a protesta organizada!.
-¿Qué te pasa, si fuiste tú que te viniste encima?- le dije
Me quedé mirándolo. Pude jurar que sus ojos estaban clavados en mí con una mezcla de pánico y, lo más perturbador de todo, me despreciaba. Y entonces, en medio de su perorata aviar, noté algo, que con sus chillidos llegaron otros alarmados. No estaba solo.
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Otros dos pájaros idénticos, igual de rojos y brillantes, se unieron a la rama. Se posaron a cada lado como si fueran sus guardaespaldas o, peor aún, sus abogados y empezaron a lanzar lo que era, ¡un sermón incomprensiblemente enfadado!.
-«¡Chirri-ri-ra-CAW! ¡Chirri-ri-ra-CAW !- como si me estuvieran haciendo ver que estaba comprometiendo el tránsito aéreo, que la culpable era yo.
Me eché a reír. ¡El susto había pasado a la comedia absurda! y mi risa parecía que los encolerizara más.
Trate de explicarles que iba para el jacalito, pero no me dejaron.
-¡CRASH-BOOM-BANG !- parecía que dijeran -«¡No se ría, ¡La ley de hábitat nos protege!. ¡Y esos ‘jacalitos’ son unos escándalos que perturban la vida en el bosque de cactus.»
Era tal el bullicio que sentía como si estuviera a punto de ser fichada por la policía alada del cerro por el delito de invasión de zona aérea y sospecha de complicidad en la construcción de viviendas rurales invasoras.
-Ya déjense de gritar- les dije y me puse a reír, era un gran desatino todo, estaban rematadamente locos, poemas catastróficos ahora no de la ciudad sino del cerro.
Se ofendieron, desplegaron sus alas hicieron una espectacular retirada y me dejaron allí, en el medio de la calle de las biznagas, con una sensación extraña de que acababa de tener una discusión existencial con el «Sindicato de la Fauna Silvestre».
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Riéndome como idiota y sin entender mucho fui derechito rumbo al ranchito de Maguito, no fuera a ser que me metiera en más problemas.
¡Qué día tan surrealista!. Ni modo, es México.
CONTINUARÁ…
MÉXICO 2025
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Agradezco fotos tomadas de internet. Pájaros rojos.
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Hola de nuevo Themis! Ahora sí que empecé por la segunda parte, pero ya entendí la cuestión de los pajaritos. Son muy divertidas tus disertaciones a la hora de que tú misma te planteas las cosas. O sea, encima de todo, sacas risas y eso es muy sabroso. Te dejo un gran abrazo 🤗🤗🤗
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Reír es lo más bonito que le puede pasar al alma, sobre todo cuando es risa sana, como el reírse con uno mismo o con los otros, no de los otros. Fue bien chistosa la escena y como ya estoy acostumbrada que los alados hagan sus dramas y sean bien manipuladores aunque se vea frágiles y tiernos, también a meterme en sus rutas pues no tienen mucha flexibilidad para moverse ni un centímetro, hasta que no tienen más remedio y sí se enojan. Gracias Maty, ahora viene el final de esta historia y el destape de cual fue el desayuno, que no creo que conozcas a sus elementos principales. Abrazo infinito
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