«En este país todos sueñan. Ya llega la hora de despertar…»
Si hay algo que me gusta ver en las calles es como el arte cada día gana más espacios y se va haciendo cargo de la expresión de sus pobladores, ya sea en la música, en el teatro, en la danza, en los poetas callejeros que dejan plasmados sus versos en las paredes, en la parte plástica donde los murales comenzaron a proliferar, ya sean individuales o realizados por colectivos que van mostrando esa unión para crear y uno de ellos fue con el que me encontré frente al Complejo del Carmen en Tehuacán.
Crucé la calle y me fui a verlo, a disfrutar de lo que allí estaba plasmado, en esa libertad que demuestra el ser que se siente libre de sacar para afuera aquello que lleva dentro, el arte esa forma de sanar, de estar en equilibrio con uno mismo, de ser diferente en este mundo tan empecinado en implantar robots o de hacer a todos igualitos, estereotipos de lo que es mejor para ese sistema global, que se precia en ser lo máximo que nos pudo haber sucedido, incluso en esta deshumanización que se nos está implantando como forma de que lo pensante y lo creador, que es algo que se puede decir diferencia lo humano sea erradicado y frente a ello darnos la posibilidad que poniendo nuestros deseos en una pantallita salga como milagro todo realizado y nosotros podamos poner nuestro nombre y sentirnos creadores de la nada, sin embargo, se encumbra el ego y mientras seguimos presos de la voluntad de los «endemoniados».
La calle estaba vacía, ni un auto circulaba, el alto que estaba lejos en la otra esquina detenía por unos momentos esa marabunta de cuatro ruedas que esperaba, me detengo un momento en el medio de ella a observarlo en toda su extensión.
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Me llama la atención el maíz en el centro del mural, ese que une a todos los pueblos indígenas, de ahí, que es su alimento primordial del México prehispánico y de las profundidades del actual, esos que aunque ya lograron la visibilidad, aun son relegados.
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Cuenta el Popol Vuh «, el libro Sagrado de los Mayas, que habla entre otras cosas de la creación del mundo y de los diferentes tipos de seres humanos que los dioses crearon:
«Mucho tiempo antes, cuando el mundo apenas iniciaba solo existía el cielo y el mar, no había animales, ni tierra y mucho menos seres humanos.
Al ver lo solitario que se encontraba todo, tres dioses: Kukulcán, Tepeau y Caculhá Huracán, crearon la tierra, las montañas, los árboles y los primeros animales, las aves y venados que habitaban en los valles, sin embargo, los dioses querían crear un ser perfecto que hablara, tuviera conocimientos y los venerara, fue así como surgió la idea de formar al hombre.»
Así crearon del lodo al hombre, pero no lograron su objetivo, no hablaba, no tenía hijos, se deshacía y volvía a ser barro.
Sin embargo, no desistieron, siguieron creando y lo hicieron de madera, pero si bien cumplía con todo lo que buscaban, no tenía sentimientos, así que mandaron un gran diluvio y todos desaparecieron.
«Pasó mucho tiempo sin que los dioses intentaran crear un nuevo hombre, después de meditar largamente cuál era el mejor material para que el hombre pudiera finalmente pensar y sentir decidieron tomar mazorcas de maíz y con ellas crearon una masa blanca de la cual formaron cuatro hombres Balam Quitza, Balam Acab, Ma Hucutah e Iqui Balam, los nuevos hombres eran inteligentes y podían correr, pensar y amar, el maíz con el que fueron creados se impregnó en su esencia, se volvió su sangre y formó su corazón.»
Todos los dioses quedaron satisfechos de su creación, los hombres de maíz empezaron a poblar la tierra, a respetar la naturaleza, a sembrar el suelo y no se olvidaban de venerar a los dioses que los habían creado.
Ese maíz que estaba en el centro de ese mural, unía a dos pueblos, el de la selva chiapaneca el zapatista de donde surgió ese movimiento que en el año 1994 se levantó en armas contra el mal gobierno y sacó para afuera y lo hizo público que el mundo también estaba conformado por indígenas que en la mayor cantidad de países donde vivían querían erradicarlos, someterlos u ocultarlos, sin derechos y en la pobreza, de esa manera se hicieron ver.
De ahí que el niño zapatista usa ese ícono del movimiento: el pasamontañas, porque los seres verdaderos, no tienen rostro .
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«A nosotros nadie nos miraba cuando teníamos el rostro descubierto, ahora nos están viendo porque tenemos el rostro cubierto, y no tienen más remedio que tenernos en cuenta. Y si hablamos de máscaras, vamos a hacer cuentas de lo que oculta la clase política de este país y de lo que muestra. Vamos a comparar el tamaño y el sentido de sus máscaras y de las nuestras”.
Del otro lado el poblador, de esta región de Tehuacán, el desierto, lo que antes fue un gran mar, donde se unen: «El Lugar de Dioses» Tehuacán con «La Tierra que Canta», Cuicatlán, dicen que en este lugar los Dioses son los que cantan y no es de extrañar, pues es la entrada a otra realidad.
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«La vida del hombre surge del infinito
y se dirige a la eternidad
la madre naturaleza es lo visible de ese
origen.
En este sitio honramos
a quien nos dio la vida…»
«Los cactus columnares, como venidos de otros tiempos o de otro espacio-tiempo guardan consigo la historia de la existencia de la Vida, ya que se encuentran en nuestra Tierra desde esos primeros principios de las plantas, para luego ir evolucionando y transformarse en lo que hoy son.
Los cactus columnares son grandes cactus, longevos, esbeltos, fuertes que ni el viento puede con ellos, sabios, muy sabios, supieron sobrevivir a todas las inclemencias por las cuales la Tierra pasó cuando la vida comenzó a salir del agua y a conquistar la tierra hasta llegar a hoy en día, al punto en que se encuentran, cuando el clima era tropical y ellos tenían hojas que luego frente a la sequía tuvieron que cambiarlas por espinas para ahorrar el agua que cada día llegaba menos y es una obra maestra del abordaje de la sobrevivencia, de la resistencia y del arte de cambiar de acuerdo a las circunstancias.»
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De ahí la unión en esa resistencia por la permanencia que ese ser del maíz, que puede tener cualquier color como dice el viejo Antonio:
«Le pregunté al viejo Antonio de qué color era la piel de las gentes de maíz y me enseñó varios tipos de maíz, de colores diversos, y me dijo que eran de todas las pieles pero nadie sabía bien, porque las gentes de maíz, los hombres y mujeres verdaderos, no tenían rostro…»
Así ese ser se une a todos los que habitan en el mundo, a todos los marginados, desclasados, los que viven por diferentes circunstancias a la vera del camino, a los que no tienen rostros porque no se les quiere ver, no se les mira, son como espectros que deambulan por el mundo de todos los «hipnotizados», que creen que son por tener, que confunden el espíritu con la mercadería que alrededor de él se fabrica.
No podía faltar para recrear a este desierto de cactáceas y piedras, cuna de los primeros alimentos domesticados por el ser humano, el animal que lo ha acompañado durante mucho tiempo, que forma parte de ese rebaño que lleva a pacer, mostrando que a pesar de la creencia de lo yermo del terreno se encuentra en él algún tipo de pasto u hojas para alimentarlos.
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El amarillo lo centraba, esa luz muchas veces inclemente que enceguece, que el Hermano Áureo lanza desde las alturas, dejándola caer sin ningún miramiento, haciendo que el paso se vuelva más lento y encontrar la sombra sea un milagro para no perderlo.
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Me fui alejando de él, era hora de seguir el camino, pensando en ese escrito del Popol Vuh, «El Libro de los Consejos»:
«Que no caigan en la bajada, ni en la subida del camino. Que no encuentren obstáculos, ni detrás, ni delante de ellos. Ni cosa que los golpee. Concédeles buenos caminos planos.»
MÉXICO
TEHUACÁN
2022
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TEHUACÁN: EL COMPLEJO DEL CARMEN (1)
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GRACIAS A TODOS!!!! SALUDOS!!!!


Hola Themis, qué hermoso. Me encanta ese mural y lo que representa. Gracias por darlo a conocer y por explicarlo. Genial que menciones el Popol Vuh.
Te mando un abrazo. Gracias por compartir.
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Gracias Ana, hermosísimo, me gustan mucho verlos cuando me los encuentro, ese arte callejero, digno de contemplarse, abrazo grande
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La cultura refleja la verdad y el sentido auténtico de la vida, como este maravilloso mural al cual le has prestado hermosas palabras, Gracias por compartir este impactante documento. Un abrazo
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Gracias Carlos por las hermosas palabras que dices y que te haya gustado, abrazo grande
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