RUMBO A PUEBLA: EL BARRIO DE LOS ARTISTAS (4)

CUANDO TODO ES SORPRESA

¡Qué placidez!, entrar en el remanso, ir descubriendo todo aquello que la vida me tenía preparado, abriéndose a mis pasos, así fui llegando a ese lugarcito donde muchos árboles ancianos entregaban su sombra con complacencia y resguardaban a las bancas que estaban bajo ellos.

Rodeé a la estatua que había visto y girando a mi alrededor la contemplé de frente pude darme cuenta que me encontraba en el llamado Barrio de los Artistas, ni idea tenía que existía, ni que había que atravesarlo para llegar a mi destino.

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Por hermoso camino me mandaba la vida.

Cuentan que corría el año de 1940, los hermanos José y Ángel Márquez Figueroa, maestros de la antigua Academia de Bellas Artes, llegan al Parián con un grupo de alumnos a impartir su cotidiana clase de pintura al aire libre.

El Parián que funcionó desde 1760, fue el mercado y zona de concentración del cargamento en la Ciudad de Puebla, nombrado así por haber sido el paraje obligado de los arrieros, que llegaban de los Estados del alrededor a llevar sus mercancías, hasta que fue desplazado por el ferrocarril.

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Luego se transformó en «El Baratillo» cuando fueron instalados en él todos los vendedores de chucherías que se encontraban en el Zócalo de la ciudad.

En un momento, el maestro José Márquez detiene la clase que estaba impartiendo y le pregunta a los alumnos que ya estaban próximos a dejar la escuela, sino les gustaría tener un espacio como si fuera un estudio-taller para reunirse y empezar a desarrollar un grupo de artistas que representen a la ciudad.

Frente a la contestación afirmativa, les dice que ese es el lugar, que hay que rescatarlo del abandono en que se encuentra y crear un «Barrio del Artista».

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De esa forma comenzaron a gestionar con las autoridades la autorización para que les fuera entregado y así surgió este Barrio Bohemio que tenía frente a mis ojos, emulando los que había en otras partes del mundo.

La escultura en bronce de un pintor no me dejó ninguna duda que estaba en él.

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Seguí mi camino, no podía detenerme demasiado, ya llevaba mucho tiempo caminando y el cansancio se empezaba a hacer cargo de mi cuerpo, necesitaba llegar y reposar un rato.

Un grupo de turistas lo recorrían, mientras aprovechaban a fotografiarse en las alas de ángeles que había y en esa silla gigante, mientras posaban e iban cambiando de posición. Me detuve unos instantes a recrearme viendo las diferentes escenas que acontecían y esa diversión, sugerencias que se realizaban entre ellos, para luego ¡CLICK!, surgiera el recuerdo.

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Los espacios de atelier y venta de los artistas que son parte del espacio mostraban sus obras, la mayor parte bodegones, paisajes, naturalezas muertas.

A paso tranquilo, pero sin detenimiento, salvo unos instantes para captar la foto seguí mi camino, ya había tomado un pequeño descanso, diciéndome para adentro mío que tal vez podría volver en otro momento a recorrerlo con más tranquilidad, pues había mucho para ver e irse metiendo por los callejones que aparecían.

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Pasé por los puestos en donde se vendían las artesanías típicas de Puebla, sus objetos hermosos hechos en talavera, tazas, platos, fuentes y todo tipo de azulejos que vería por todas partes donde me diera vuelta, en pequeños detalles o en paredes enteras, siendo el recubrimiento de muchos edificios antiguos.

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Una calle super tranquila me aguardaba cubierta las paredes de diseños de talavera, iba redescubriendo la belleza que esta ciudad guarda en sus entrañas.

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Imágenes cotidianas de la ciudad se abrían frente a mí, ese músico callejero que preparaba su violín para empezar a llenar de sonidos dulces y suaves el ambiente, que aunque los peatones apurados en su trajín diario no lo escucharan, sin quererlo el cerebro percibiría sus vibraciones y los calmaría.

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Así lentamente, la calle me fue metiendo en la zona en donde se venden toda la vestimenta de gala para las diferentes fiestas que se festejan en México, como el ritual de los 15 años, donde la adolescente vuelta mujer dentro de un vestido suntuoso hace su aparición en el salón de fiestas y da comienzo a ese baile acompañada de sus chambelanes y terminar con el típico vals con su padre.

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O los vestidos largos para el resto de la concurrencia o para fiestas de gala o los de bautizo, o los de las bodas, o el de las graduaciones desde la salida del jardín de niños y el paso a la primaria.

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Siempre llamaron mi atención el despliegue de ellos que se encuentran en México, concentradas las tiendas que los ofrecen generalmente en lugares cercanos al centro, se me hace un viaje por el tiempo, donde aún se guarda la estética de aquellos primeros momentos donde esas tradiciones traídas por los españoles cuajaron en la sociedad cuando daban un paso a su transformación.

El hambre ya se estaba dejando sentir, acompañado del cansancio no era muy buen dúo, pasé por una cocina económica y entré, no estaba para buscar otro lugar, se me hizo entrar a otra época, parecía que el tiempo en él no había transcurrido, que se hubiera detenido.

Apareció un cocinero anciano con su mandil blanco y un gorro en su cabeza y me entregó un menú de comida corrida, elegí la sopa de lentejas, el arroz rojo y una pechuga rellena de queso, acompañada de ensalada y guacamole.

Sin ninguna prisa, fueron apareciendo los platillos frente a mí, la sopa lanzaba a los aires un aroma formidable, que hacía que las papilas gustativas comenzaran a salivar y prepararan a todo el organismo para recibir esa dádiva, al igual que los otros platillos elegidos que quién sabe cuál de todos estaba más sabrosos, eso sí, el aceite uno de los grandes problemas que tienen en su cocina, abundaba en ellos.

Unas grandes tortillas de maíz molido a la usanza antigua, no de harina, sino de mero nixtamal, surgieron para acompañar los alimentos y de remate una gelatina clásica de este tipo de menú.

Ya un poco más repuesta, con el estómago lleno y el corazón contento, con energías renovadas, me enfilé a lo que faltaba del trayecto.

¡Al fin!, había llegado a la calle 5 de Mayo, la peatonal y en unas pocas y largas cuadras ya se encontraba mi hospedaje.

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Me detuve un momento, pues llamó mi atención, el espacio, los árboles majestuosos, los globeros, con sus coloridos globos señalando al cielo, los puestos de revistas.

No pude dejar de visualizar otra de las estatuas de bronce, me acerqué a ella, me detuve a observarla y me di cuenta que había otras a lo largo de la peatonal.

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Más allá retomé mis pasos por la calle vacía por la que iba, donde una gran iglesia se encontraba delante, planteándome el regresar luego, pues el zócalo estaba hacia el otro lado y no quería dejar de ver la Catedral, con su Campana María la cual está llena de misticismo, que dicen que fue subida por los mismísimos ángeles cuando debido a su peso no se sabía cómo hacerlo y que en la actualidad necesita tres personas para hacerla sonar ya que su badajo pesa 300 kilos.

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Así, después de disfrutar todo lo que esa calle en su recorrido me fue mostrando, llegué a mi objetivo, para poder tumbarme un rato a descansar, tomar fuerzas y lanzarme a otra aventura en esa gran ciudad.

CONTINUARÁ…

MÉXICO

JULIO 2023

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16 comentarios en “RUMBO A PUEBLA: EL BARRIO DE LOS ARTISTAS (4)

  1. Hola Themis. Me encantó caminar contigo por esas hermosas calles de Puebla. Te confieso que cuando entraste a comer y describiste la comida, la boca se me hizo agua. ¡Me dio un hambre…!!! jajaja😁 No pude evitar sentir envidia cuando te comiste «las grandes tortillas de maíz molido a la usanza antigua». Gracias por compartir este recorrido. Un fuerte abrazo 🐾

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    1. Hola Rosa, gracias por tus palabras, me alegran mucho y más saber que ahí andas caminando conmigo, vivenciando todas esos encantos que guarda México y ni se diga en su comida, y sí, esas tortillas otra cosa, fue un lugar mágico, todo lo que allí había era otra época, como si hubiera entrado en el túnel del tiempo, abrazo bien grande

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  2. Ay Themis, de verdad que en este paseo por Puebla no te has dejado nada. ¿Cuántos días te habrá tomado? Oye, vas solita? Bueno no, ahí estoy porque no me podía perder esa pechuga rellena de queso. Me parece que a esta hora de mi madrugada tengo hambre
    ¡El barrio de los artistas! Qué hermoso lo cuentas todo, en verdad que hasta huele.

    Un gran abrazo Themis!

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    1. Hola Maty, estuve solo un día pues ya era muy tarde para regresarme, eso lo fui viendo mientras iba en busca de un lugar en donde hospedarme. Sí, ando sola, eso sí bien dices acompañada de tí en el corazón, que siempre ese delicioso café en tu termo y que nos sentamos a saborearlo y deleitarnos con él.
      En Puebla muchos ángeles me guiaron ya que a parte de grande, para mis parámetros, desconocía a dónde iba, llevaba más de 15 años sin ir.
      Aún falta otras visitas, pues el día rindió mucho. Abrazo grandote y gracias

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