TEHUACÁN: DESPUÉS DE LA LLUVIA

El renacer de la tierra

Después de un muy buen tiempo de haberla estado esperando, la tan ansiada lluvia, llegó.

Todo un evento digno de ser escuchado, pues fue en la noche cuando un leve tintineo muy armonioso se escuchó.

Desde  el cielo se ejecutaba una melodía para que todos los seres vivientes pudieran descansar en esa noche y despertar con la alegría que ese preciado líquido ya fluía desde él.

A la mañana, cuando ya era la hora de abrir los ojos, salir de la modorra y levantarse para iniciar esa grisácea jornada, donde la luz apenas pasaba entre las nubes densas que cubrían a lo alto, ya la canción serena y adormilada de la obscuridad, se había vuelto un poco más acelerada.

Como sucede siempre que la lluvia no pierde el tiempo y se posa con todas sus ganas,  el patio en su desnivel se inunda y a fuerza de barridos hay que sacar a esa pequeñita laguna que se forma en él.

Más allá era el momento para festejarlo, parecía que todo se había animado, el fresco que contentaba al cuerpo, lo hacía sentir como que revivía, algo que hacía mucho tiempo no sentía.

Las conversaciones en las calles en donde todos hablaban de esa lluvia que había vuelto a traer la vida, ya que la mayor parte por su falta estaban enfermando o por lo menos se sentían así en sus almas y su vehículo que la albergaba se resentía y en la pesadumbre se abandonaba.

Varios días estuvo cae y cae agua, de a poquito, en las noches se desataba más, para un día volver a salir el amarillo círculo candente y dar por terminado el evento.

Tomé rumbo a Tehuacán había que ir, no quedaba de otra, cada día la ciudad está más a mi lado y el disfrute de ese camino hasta llegar a ella, que aunque se le recorra una y otra vez y otra vez, siempre se le encuentra algo que sorprende en él.

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Ahí iba concentrada contemplando que los cactus estaban bañados, que habían elevado su punta como si estuvieran abandonando esa joroba que se les había formado, después de haber estado deshidratándose, ahora se erguían levantaban esa cabeza como agradeciendo.

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Todo había reverdecido, las hojas de los arbolitos muy rápidamente habían surgido, en esa magia que es muy clara en el desierto en donde todo tiene que aparecer de una manera abrupta, hay que aprovechar ese instante, ese momento en donde se presenta la posibilidad, no se puede esperar al mañana, pues ese quién sabe si llegará.

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Iba sumida en mis vivencias sentada adelante, bien cerca de poder ver ese panorama que se abre cuando se va recorriendo el camino, desde casi la perspectiva del conductor.

Me empezó a sorprender el ver que no solo era el verde quien cubría el paisaje, sino el morado había aparecido en unas plantas que se extendían en un gran parte de la carretera.

Un pequeño arbolito que se encuentra en grandes tramos del desierto, había florecido y regalaba esa dulzura colorida a la visión atenta que buscaba deleitarse con ella.

*

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Cuando  sin esperarlo, sin imaginarlo, sin ni siquiera saber que todo estos años  en la distancia, tapado por la bruma y las nubes, ahí estaba escondido.  En una curva del camino, donde el cielo límpido en ese azul tan característico relucía, se apareció él: Don Goyo, con un sombrero blanco inmaculado en su cabeza.

*

*

Mi asombro no se detuvo, del impacto que sintió por la sorpresa una exclamación salió de esa boca tapada por ese artilugio que ya llegó para quedarse, el llamado cubrebocas.

No puedo trasmitir lo que me significó verlo, era como si todo mi ser hubiera encontrado en lo inesperado esa energía que necesitaba para renovarse y sentirse inmerso en ese sobresalto de que siempre, habrá sorpresas insospechadas aguardando.

Todo parecía que mágicamente concordaba, despacito sin apuros se iba llegando, a lo lejos se veía esa ciudad que quién sabe que guardaba en su seno para abrirse frente a los ojos frescos, que se unían a la sonrisa forjada por ese misterio que encierra a la existencia cuando uno se abre al camino del encuentro.

MÉXICO

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22 comentarios en “TEHUACÁN: DESPUÉS DE LA LLUVIA

    1. Es un paisaje único, solo por estos lados se encuentra, y son kilómetros y más kilómetros de él, una inmensidad, hermoso y misterioso, eso sí hay que recorrerlo con mucho cuidado pues son cactus y todo tiene espinas. Gracias Eva, un abrazo grandotote

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  1. Hermoso paseo en autobús desde el paisaje nos habla en movimiento. Es un placer viajar contigo por esos paisajes tan sedientos como los de Castilla. Sin duda el encuentro con Don Goyo fue una sorpresa muy agradable verlo así vestido de blanco. Gracias por compartir tantas emociones del día a día que te envuelve el alma. Un abrazo fuerte.

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  2. ¿Cómo estás, Themis? Perdona la luenga, me dices que tu oído va estable maguer algunas cosas ya no podrán recobrarse en alusión a los niveles de audición.

    ¿Pero cómo te sientes? Me fascinó tu artículo, ¡como Tehuacán no hay dos! Y de existir, seguro sería en otro plano; sea como fuere, sí remembro su verdura.

    Sí, cuando había pluvias y así sucesivamente; cuando todo parece esmorecer, hay forma de revitalizar. ¿Por algo será lugar de dioses? Como significa su nombre en náhuatl, tal vez sea acertado después de todo.

    Muchas mercedes por compartir tus impresiones, imágenes y demás; en verdad, ¡muchas gracias! Te envío un fuerte amplexo, te deseo todo lo mejor y hasta la próxima.

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