tortolas

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA NUEVA SENSATEZ (12)

EQUILIBRIO

 

«¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
habitar los hermanos juntos en armonía!»

Salmo 133

 

 

Estaba en mi clase de yoga, esa que tomo a distancia para mantenerme en forma y no perder la elasticidad, el equilibrio, no solo el corporal sino también el emocional, bueno más allá todo está conectado, también la flexibilidad en este encierro que cada vez va llevando más a estar apoltronado sin mucho movimiento y con una salud mental que deja mucho que desear, con eso que todas las pautas están cambiando y lo que era ya no es y lo que es cambia a cada rato o al revés parece que todos los días son lo mismo, que pasan sin poder agarrarlos, ya la incertidumbre se ha hecho cargo del alma de uno, que ni la inteligencia emocional le basta para mantenerse en su sano juicio, bueno si alguna vez lo tuvo, pues también eso hay que tomar en cuenta, no se estaba como quien dijera muy nivelado, no se era muy zen.

Viviendo como se vivía todo de prisa, angustiado, queriendo llegar a un sitio que no se sabía cuál era, con un teléfono constante en la mano o en redes, o sin ellos que también traía sus conflictos, ese sin fin de problemáticas que esa vida conectados deja a su paso y que van recableando el cerebro hacía la mentalidad de máquina y el ser humano se pierde en…………….¡ya!, ¡ya! hasta ahí.

¡Uff!, qué alivio, paró, seguimos entonces…………

El yoga esa disciplina que recomiendo para reducir estrés, verborrea y otra cantidad de sintomatología,  más allá que una vez que uno se va metiendo en ella se da cuenta que se trata de un estilo de vida integral, una forma de ver la existencia, de sanar, cuidar, fortalecer el cuerpo la mente y el espíritu, trabajar sobre uno mismo para ser cada día mejor.

Mediante todo lo que ella conlleva, la meditación, la relajación, los asanas, la respiración  y quien sabe cuántas cosas más que me estoy olvidando, se prepara el camino al Ser.

Más allá no era de ello que les iba a contar esto es una información al margen nada más y una descarga de lo que anda dando vueltas por esa mente que muchas veces no descansa, más cuando está cerca de que  la detengan en su mandato dictatorial.

Como dice mi maestra: «El yoga comienza cuando acabamos la práctica», cosa que he de hacer.

 

AQUÍ LES VA LA HISTORIA

 

Estaba en mi clase de yoga haciendo la tabla lateral, ahí concentrada, sentía que resistía un poco más que las veces anteriores, lo que me llevaba a exigirme más en el equilibrio a no dejarme derrumbar, a mantenerme en ella con la respiración, la mirada clavada en la parte inferior de la puerta que sale al patio, que estaba un poquito entornada, cuando de repente veo pasar muy rapiditas a dos patitas rosadas que me sacan de mi concentración y me hacen tambalear y de repente una cabecita gris se asoma por esa parte entreabierta y me queda mirando.

Mi cabeza estaba un poco de lado así que la miraba de costado y se me hizo muy chistoso como volteó ella la cabeza también como para observarme, mientras emitía ese aullidito que no dejaba duda que era el Manda Más.

Él sin embargo no entra como Coquita, como perico por su casa, se queda muy juicioso fuera, aunque ya está subiendo los escalones y se atreve a curiosear.

-¿Qué es lo que quieres?- le pregunté- estoy en mi clase y no te puedo atender.

Cada vez volteaba más su cabeza y se quedaba atónito, fue tal la sorpresa de la visita y lo gracioso de la misma que automáticamente perdí mi frágil equilibrio y me vine al suelo, lo que lo llevó a salir volando, solo el batir de alas se oyó y él desapareció.

Seguí con mi clase y cuando terminó salí al patio y ahí estaban todos los comensales, que ya regresaron y están en una paz que es increíble, como que después de haber atravesado por esa invasión de los Malvados Grises, el haber conocido muy de cerca la verdadera violencia y lo que nos había costado el quitárnoslos de encima, había sido sin lugar a dudas un momento de mucha reflexión y enseñanza y nada volvió a ser como antes.

Como si todos hubiéramos aprendido lo importante que era estar unidos, en paz, compartiendo lo que la vida nos mandaba sin querer ser los dueños absolutos sino tener la confianza de que no nos iba a faltar y evitar esos encontronazos con la realidad que cada día estaba poniéndose más bravía con todos aquellos que solo quieren desconocer la realidad y no hacerse cargo de lo que generan.

 

 

Por un lado al principio todos quedaron en la tembladera y al menor movimiento conocido o desconocido se alzaba el vuelo y se iban para regresar al ratito nomás a ver qué era lo que había sucedido.

Las peleas eternas entre Coquita y el Manda Más habían terminado hasta parecía que se habían hecho amigos, desde aquel día en que todos los animalitos se habían vuelto medio zonzos, otro día les cuento la historia, pues hablo de ella pero no la escribo.

Pluma Café ya no disputaba el patio, lo compartía eso sí que no se le acercaran demasiado a su espacio vital porque ahí sí aparecía el picotazo, cosa que todos ya estaban aprendiendo, salvo cuando venían al vuelo y bajaban, parecía que no  controlaban muy bien donde hacerlo y se le iban encima.

Coquita por un tiempo estuvo sin venir, luego se aparecía bien tempranito en la mañana cuando aún no había nadie, le dejaba comida en la noche o se la ponía apenas me levantaba, habíamos llegado a un acuerdo y como siempre ella hacía su vida como bien le parecía, no tenía ese sentir de bandada. Cuando todos levantaban el vuelo por algún sonido que escuchaban ella era la única que ahí permanecía comiendo sin importarle lo que sucedía, solo movía su cabecita y esperaba unos segundos para seguir luego en su faena.

Indudablemente siempre hay un ser diferente en cualquier tipo de grupo, con lo que ello significa, la diversidad no siempre es aceptada en este plano en que vivimos, se la mira con ojos raros y se la segrega, bueno también hay que decir que en sociedades más primitivas a veces se las ve con otra mirada, se la acepta eso sí se le da un lugar especial, alejada de todo lo demás, algo que se tiene que aprender si en cierta forma se está de ese lado, por lo menos hasta que se evolucione y no se busque uniformar a todo el mundo. Un día les voy a contar su historia, pues tiene momentos muy bonitos, sobre todo con su pareja la Ñandu. Otra promesa que he de cumplir.

Eso sí, ahora llegan más no sé si algunos de los Grey Meannis se unieron a esta comitiva, pues hay veces que hasta quince son los que se aparecen a esta «Hora Feliz», de dos en uno, alpiste y arroz.

El que no regresó fue el pajarito rojo, creo que a ese le gustaba trasmitir los problemas leves, las buenas noticias y los seres en paz no tienen demasiado público o se cambio de rumbo, no hay que hablar de más sin saber, sin embargo ahora viene el amarillo, que también se para en la varilla y de ahí observa, eso sí él tampoco baja a comer, ni chispea, solo mira muy atento.

 

 

Regresaron los gorrioncitos y uno de ellos viene todos los días, el amigo de Coquita y juntos comen, sobre todo en las mañanas cuando no han llegado los otros o después que se han ido en la tarde, pues Coquita se queda hasta que casi la luz del día desapareció, también está empezando a llegar cuando están todos los demás.

 

 

El ambiente se ha vuelto más relajado, la sensatez ha ido ganando terreno, la armonía, la flexibilidad, se han instalado, van y vienen, vuelven a dar sus vueltas a lo largo del día, pocas son las corridas que se ven y no siempre son los mismos, hasta a Pluma Café le toca a veces que alguno lo saque de al lado, todo se vuelve más justo y el arroz está en su apogeo, eso sí la hora esperada sigue ganando terreno por esos granos de alpiste que son como el dulce que la Vida les regala para cerrar el nuevo día vivido.

Se suele ver a los seis más asiduos, los protagonistas de esta telenovela juntos comiendo sin que haya demasiado revuelo.

 

 

Por ahora hay que agradecer, parece que todo lo sucedido sirvió para aprender y empezar a compartir, es todo un deleite verlos permanecer unidos y en paz, como dice el consejo del gaucho Martín Fierro a sus hijos en el libro del mismo nombre de José Hernández:

«Los hermanos sean unidos,
porque esa es la ley primera.
Tengan unión verdadera en cualquier tiempo que sea,
porque si entre ellos pelean
los devoran los de ajuera.”

 

MÉXICO

CONTINUARÁN….

los reportes desde el patio, próxima entrega saber cuándo.

Si quieres enterarte de los capítulos anteriores en el MUNDO DE LOS ALADOS aquí te los dejo.

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (1)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (2)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO (3)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA LUCHA POR EL PODER (4)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: El nuevo visitante (5)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: Las nuevas contiendas (6)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: PLUMA CAFÉ (7)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA DUEÑA DEL LABERINTO (8)

LOS QUE NOS MUESTRAN EL CIELO: “NADA ES PARA SIEMPRE” (9)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LOS MALVADOS GRISES (10)

LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: EL RETORNO DE LA CALMA (11)

 

 

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5 comentarios en “LOS QUE MUESTRAN EL CIELO: LA NUEVA SENSATEZ (12)

  1. Hubo que aprender a guardar la paz, cuando llego la guerra.
    Bendita lección la que cierra esta ocasión de la boca de Martín Fierro, que da su razón, aunque algunos hermanos hacen oídos sordos.
    Las antiguas disciplinas parecen tener solución para mitigar nuevos problemas, sólo se trata de perseverar. Un abrazo.

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    1. Así es Carlos, no todos los hermanos son hermanos aunque así se llamen, hay que aprender a diferenciar. La actualidad es la hermandad de objetivo, en unos de acuerdo y en otros no, he ahí el gran problema a sobrellevar.
      Hay que ir para atrás muchas veces para poder avanzar, un abrazo

      Le gusta a 1 persona

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