EN BUSCA DE LOS HUEHUENTONES
27 de octubre, a la caída del sol
La celebración de Muertos es la fiesta más importante de la región en la que habito, ubicada en la Sierra Mazateca, en el Estado de Oaxaca, México.
Al mediodía había ido al panteón a recibir a los angelitos, que a través del Ombligo del Mundo, habían llegado a la Tierra a compartir con los vivos estas fechas, donde el permiso es dado para que salgan y convivan.
Al atardecer de nuevo fui rumbo al cementerio pero esta vez a recibir a los muertos grandes.
Atravesé el pueblo que mostraba aún más su contento, pues los pequeños, andaban sueltos, llenándolo de frescura, ingenuidad, inocencia y ahora vendrían los grandes, traídos por los huehuentones desde el panteón, los cuales son el lazo entre la Vida y la Muerte las ánimas vendrían con ellos y cantarían, danzarían y compartirían sus mensajes al mundo de los vivos.
Huehuentón que significa en náhuatl “viejos que regresan” y en lengua mazateca se les llama “Cha-sho-ó”, que traducido al español quiere decir: “hombres que brotan del ombligo».
En los diferentes barrios se forman los grupos, con todos aquellos que quieran participar.
Desde septiembre se comienzan los ensayos, a preparar la música y canciones.
La lluvia, la que generalmente persigue estos días, como si a las ánimas les gustara refrescarse en ella, se avecinaba, ahí andaba dando vueltas, como queriendo y no soltarse.
Iba a buscar a las ánimas al cementerio, era algo nuevo para mí, pues nunca lo había hecho, me acompañaba una sensación extraña, que iba de la curiosidad a la reverencia.
Llegué a la puerta del panteón, donde su arco mostraba un hermoso trabajo realizado con flores, para recibir a todos: muertos y vivos.

Estaba lleno ya que la mayor parte de los que se transformarán en huehuentones, llegan para cambiar sus ropas en él y a la ceremonia que se realiza, sin que nadie los vea, pedir permiso y conducir las ánimas al pueblo.
Se visten con la ropas típicas de manta o de cualquier forma, ponchos, un gran sombrero con un pico muy alto, la cara cubierta con una máscara o con un pasamontañas o un paliacate, se trata de no ser reconocidos como quien son sino por el ánima que encarnan.
Antes las máscaras eran con la cara de un viejito y realizadas en madera, en la actualidad no todos los grupos la mantienen y usan cualquiera, los jóvenes y los niños a veces prefieren las de monstruos, las que cada día se están colando más en este mundo.

En todo grupo huehuentón hay uno o más integrantes que se visten de mujer que son los que se encargan generalmente del copal, así lo marca la tradición, cosa que es aceptada por los ancestros.

Antes las mujeres no participaban como danzantes, ya ahora lo pueden hacer aunque aún no se ven muchas que se vuelquen a unirse. Las niñas y las más jóvenes son las que se están atreviendo.
Mientras se espera la transformación de los huehuentones, el panteón está de fiesta, se platica entre toda la concurrencia, se saluda, hay unión entre todos, quien sea es bienvenido pues es momento de unidad y además puede ser portador del ánima de algún difuntito.

Ya se empiezan a ver las diferentes tipos de miradas, las que se van, se pierden quien sabe en dónde y con quién,

las que observan fijo, compenetradas,

Las que viajan a las alturas o las que miran hacia abajo, hacia las profundidades, las que siguen la acción, todas como encantadas dejándose llevar, no hay nada que interfiera, sus ojos se impregnan de lo que sucede en ese mundo sutíl.

De un momento para otro la música se suelta, las ánimas de los grandes están libres y ya están entre nosotros, trayendo el espíritu del instante, la Muerte y la Vida se vuelven una, de una manera tan asombrosa que el pasaje no existe.
Las mujeres de las diferentes Hermandades Religiosas, encargadas de ir abriendo el camino con el humo del copal comienzan a moverse, a danzar, llevados por la magia de ese ritmo que va calando la piel, se mete dentro y hace que el cuerpo despierte.

Convivir en el cementerio con otros, alumbrados por pocas luces de velas, con el aroma del copal penetrante, envolvente, es una sensación de otro mundo, más aún cuando se comienza a bailar para mostrar el gozo del re-encuentro, cuando se siente a los corazones que vibran a un mismo son.
Llega un huehuentón en busca de quienes abrirán la marcha con el humo del copal, se va pasando de la penumbra y la luz de la vela, a la entrada al mundo, que también se ha transformado y por momentos parece irreal.

Mi ser todo va en otra frecuencia, comenzamos a caminar detrás de los huehuentones, que ya habían emprendido la marcha, que en todo su apogeo danzaban y tocaban diferentes canciones, cada tanto se oía el sonido del caracol, llamando a la congregación, a que se fueran uniendo.

La lluvia no se detuvo, se lanzó sobre las ánimas recién recibidas, limpiándolas, purificándolas y así fuimos caminando atravesando el pueblo que se vestía de una magia embriagadora.
Las mujeres abrían el andar llevando con ellas el copal,

que mezclaba su humo con la niebla, unidos a las figuras fantasmagórica de los danzantes,

creaba un mundo donde la fantasía y la realidad convergían, la atmósfera se iba transmutando, el espacio era absorbido por una mística etérea que se adueñaba del ambiente, a medida que uno se dejaba llevar por él.

Cantando, danzando, gritando, ese grito característico de las ánimas que se expresan, se va por las calles.

de esa manera se llega a la Iglesia donde otros huehuentones y los sacerdotes que esperan fuera para recibirlos, a los vivos y a los muertos, para oficiar la Misa y bendecirlos.

El tiempo transcurre pausado, para no decir que se pierde, la gran noche esperada ya se yergue y el Espíritu inunda el ambiente de una energía envolvente, la música se deja sentir y el mundo desaparece.
OAXACA
MÉXICO
FIESTA DE MUERTOS: EL PUEBLO SE ENGALANA (1)
FIESTA DE MUERTOS: LA CEREMONIA DE LAS TRECE VELAS (2)
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Es un documento magnifico y respetuoso. Gracias por compartirlo. Un abrazo.
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Gracias a tí Carlos, me alegra que te guste, es muy interesante la forma de vivir muertos por estos lugares. Un abrazo
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