EL LAVADO DE LA ROPA DE LA VIRGEN Y LA OFRENDA
Ya todos habían llegado, cada quien estaba en lo que le correspondía, los más sentados aguardando que comenzara todos los aprontes para la ceremonia que constaba de varios pasos.

Un grupo de mujeres solteras eran las encargadas de lavar la ropa de la Virgen en el agua clara que brotaba del ojo de agua.
Se habían acomodado en una fila, mientras las niñas juntaban agua, cada una tenía una labor que realizar, se habían metido totalmente en la tarea, era algo que las enorgullecía y la devoción que tenían la volcaban a la acción.

Cuidar de la Virgen, se les encargaba en este caso a las solteras, a las que todavía no habían conocido hombre, con mucho esmero cumplían, les gustaba estar entre las imágenes, las vestimentas, las flores y sobre todo unidas.
Otras que eran más del grupo de las «soñadoras» más adultas, se dedicaban a juntar las flores, recorriendo la montaña y las diferentes casas para encontrarlas, cuanto más variedad hubiera, más colorido quedaría el arreglo.
La vestimenta de las cruces con flores en la mayor parte de los casos le correspondía a los hombres.
Una vez que habían hecho la oración, habían lavado las cruces, los principales comenzaron a decorarlas, al mismo tiempo se lavaba la ropa de la Virgen.

Una de las muchachas lavó con mucho esmero la batea, no se dejó ni un solo rinconcito de la misma sin que el agua y el jabón la tocara.

Un grupo de niños y niñas comenzaron a llegar junto al riachuelo a observar cómo lo hacían, total y absolutamente en paz y calma, compenetrados, tal vez imaginándose en un futuro ser ellos a quienes les encargaran esas labores, muchas veces integraban estas acciones en sus juegos con otros.

Era un quehacer sagrado, no había otra cosa más importante en ese momento que estar enfocado en el instante.

No era cualquier quehacer, se estaba estableciendo la conexión, con el Espíritu, se le estaba ofrendando al Padre Cielo, a ese Cristo Crucificado que había estado entre los humanos, había padecido lo que esta vida le estipulaba y luego había ascendido con su padre, que estaba más allá de las nubes, se movía por todas partes, en todos los lugares existía y se extendía a todo el Universo.
Se quería avisarle que no se habían olvidado de él, que todavía el corazón latía en un solo son, más allá de las dificultades por las que atravesaban.
La música se dejaba oír, esa flauta que resonaba con suavidad acompañada por los tambores.

La Madre Tierra, representada en la Virgencita estaba siendo la receptora de la ofrenda, ya que ella conocía al humano y le resolvía sus necesidades, era quien lo cobijaba y cuidándola a ella lo Superior lo agradecía y mandaba bonanza. Sin embargo el «cristiano» con facilidad se olvidaba y la maltrataba.
El humano era como el punto de unión cuando se permitía el serlo, se entregaba y dejaba que esas fuerzas celestiales lo guiaran.
Eso era fácil para cuando el miedo se había establecido como en estos momentos, donde los Cielos no mandaban ninguna señal que la lluvia estuviera cerca y eso no era buen augurio.
Cuando se aparecía el temor todos recordaban y volvían a las enseñanzas, se esforzaban por hacer lo necesario, eso sí, cuando ya se había resuelto, se olvidaban con mucha rapidez y se volvía a las mismas andanzas.
Una vez terminado de engalanar las cruces se comenzó a cavar el pozo donde se iría metiendo diferentes alimentos y bebidas.

La tortillas hechas de maíz, su alimento por excelencia, ese del cual se decían estar conformados, que veneraban pues salvaba del hambre, se podía cocinar de muchas formas, en diferentes platillos, era noble, los nutría a todos, era su «pan que cada día».

Otro de los alimentos el pozol, hecho del mismo elemento, pero molido de forma diferente, después de haber cocinado el grano se le pasaba por el molinillo, una vuelta en este caso, para la tortilla era dos vueltas o sea dos veces se molía.
Luego se hacía una bolita, era lo que le llevaba para comer cuando se iba a la milpa, a la mitad de la mañana era lo que toda la comunidad tomaba. Se preparaba, disolviendo la bolita de masa en agua y se bebía.

No solo era refrescante, saciaba la sed, sentarse a tomarlo era todo un ritual, se detenía lo que fuera que se estuviera haciendo, era como si el tiempo se detuviera, se buscaba un lugar que apeteciera y se bebía en franco relax. Además dejaba a la panza saciada, lista para volver a donde se había dejado y le permitía esperar hasta la hora del regreso a la casa para ya tomar la comida.
El café no puede faltar, otro elemento de su vida.

El posh, el aguardiente fundamental en las ceremonias. Palabra que se usa con dos accesiones, una es aguardiente y la otra medicina.

También se le agrega los cigarrillos, pues son una parte de sus rituales, cuando se sirve el posh, con servidor en las fiestas, se da junto con él uno de ellos.

Una vez terminado de depositar la ofrenda, de ahumarla con el copal, empezaron a ataviar con flores el espacio en donde se había realizado.
Mientras las mujeres seguían lavando la ropa, como si se encontraran en otro mundo, en una meditación que las absorbía.

Ya la ofrenda está terminada, ahora era la hora de poner las velas, que la Luz se hiciera cargo del ambiente y a través de ella llevar claridad a los «cristianos».
El mismo que fue el encargado de cavar los pozos, ahora lo hace para las velas.

Con el copal se purifica la estola del tuhunel que ya se está preparando para la ceremonia, para bendecir la ofrenda.

Se dispone a bendecirla, invistiéndose con la estola símbolo de su entrega, de su fe.

Una breve oración en su lengua hablándole a la Madre Tierra.

Toma en sus manos la taza con el agua del manantial y unas hojas, para bañarla con la lluvia de gotas y purificarla.

El encargado del copal la ahuma, dando por concluido esta parte del ritual.

Así después de haber terminado de elaborar la ofrenda, de lavar la ropa de la Virgen, el tuhunel se apresta para dirigirle la palabra a su pueblo, para llamarlos a la cordura, a seguir la ley de lo más Sublime, donde todos son hermanos e hijos del mismo Padre.
CONTINUARÁ……
MÉXICO
PREPARANDO LA FIESTA DE LA SANTA CRUZ
LA FIESTA DE LA SANTA CRUZ (1)
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Una ceremonia muy bonita. Me gusta ese sentido comunitario que tienen, eso tan difícil de encontrar en las grandes ciudades, y también su sencilla espiritualidad.
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Su conexión con lo divino es muy fuerte, el centro de sus vidas, más allá que hay muchas fuerzas tratando de que eso se acabe, pues es lo que los mantiene juntos. Son hermosas estas ceremonias, aún falta otra parte de ella, un abrazo grande
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Me dejas enamorado del color, color en las imágenes y también en tus palabras.
Hechizado por el mestizaje entre las costumbres ancestrales de ese pueblo y el legado misionero que tan firmemente arraigo en sus almas. ¿No es acaso un milagro esa reconciliación entre creencias, esa comunión de ideas que dan como resultado algo tan esencialmente hermoso como la Madre Tierra? Siempre me ha subyugado ese concepto, la Pachamama y la Virgen, unidas de la mano en el espíritu de todo un pueblo.
Por mucho que nos reivindiquemos, somos el resultado de los que fueron antes, ese es nuestro legado, esa nuestra esencia y nuestra razón de ser.
Gracias amiga por esta maravillosa ventana que nos abres a las cosas sencillas e importantes.
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Es México Israel, el color brota por todas partes, un país de fe, donde tuvieron que permitir ese sincretismo de las creencias para en un momento evangelizar, más allá que el resultado de ello da situaciones hermosamente extrañas, dignas de vivirse y sentir como el Espíritu se da sus vueltas por ellas.
Así es somos ese resultado y no se puede desconocer de donde salimos. Un abrazo grande y me da alegría que andes por aquí
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A veces el esfuerzo por comprender las cosas nos priva del placer de contemplarlas.
Tal vez por ello haya que abrir la mente a la par que los ojos, y eso es tremendamente fácil con tus imágenes y tus palabras. Gran mérito el tuyo, adoro lo que haces.
Un abrazo.
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Gracias Israel, me gusta mucho que lo veas así, es la búsqueda que la imagen y palabra se nutran una a la otra. Un abrazo bien grande
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