Ya llevo un tiempo viviendo en el Ranchito
como le llamo, está ubicado en el bosque, donde corre un riachuelo, que en el tiempo que trae agua, no deja de cantar y arrullar con su melodía, los días y las noches.
Es simple y sencillo.
El cuarto con su cama.
La mesa donde trabajo.
El espacio del «Taller del Petate», donde hacemos actividades con los niños.
Está contruido sobre piedra y las paredes son de madera, el piso de tierra.
La cocina es de carrizo y barro, es un lugar muy fresco pues al borde de ella se encuentra el riachuelo y los carrizos abiertos dejan pasar el aire. Tampoco es fría en la época de invierno ya que el fogón hace la parte mágica de calentar y darle al ambiente un lugar acogedor, acompañada por el fuego.
Esta es mi mesa de cocina, donde generalmente hay un florero con flores, a veces de las que crecen silvestres en los alrededores y otras que traigo del pueblo. Atrás está el fogón.
La zona del lavadero
El lugar es grato, el silencio y la paz lo invaden y sobre todo ese estilo de vida que si bien reclama paciencia e irse adaptando a él, sobre todo para cocinar con leña, pues es otro el tiempo que se emplea y hay que ir haciendo los alimentos de a uno por vez.
Hay que hervir el agua para poderla consumir, salir a recoger pequeños leños, barrer las hojas de los techos y del piso pues se juntan mucho, ya que uno de los árboles cercanos se encarga de tirarlas, mantener a raya a los diferentes animalitos que creen que es su casa y hay que quitarlos o marcar territorio, sobre todo con las arañas que suelen expandirse como creyendo que fue construído para ellas y hacen grandes telas que a veces uno queda enredado. Es toda un desafío convivir con la arañas y sus telas…………………pero esa es otra historia.
No hay mucho dentro, sólo lo imprescindible, ¿Qué otra cosa es necesaria para vivir?. Cuando uno tiene hay que mantenerlo, cuidarlo y en este mundo en que vivimos mejor es no despertar la tentación de los otros para no volvernos presa de ellos, eso es como medida de seguridad y por otro está el viajar con la mochila ligera, da una gran liviandad a la vida, no tener nada que perder.
La mayor parte del tiempo la paso fuera, donde escribo sentada en los costales de aserrín que hacen de banco o contemplando la Naturaleza que me rodea, mis compañeros de Vida que son los diferentes insectos y animalitos que por aquí crecen y se desarrollan, aprendiendo de ellos, de sus formas, sus costumbres. De esa manera empezamos a reconocernos y a sentirnos todos parte del territorio en donde compartimos nuestro paso por este plano de la Vida.
Como quién dice: nos vamos conociendo e implementamos nuestros códigos para irnos respetando, en una convivencia pacífica.
MÉXICO





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